[ VIAJE A LA VIDA ] por Alan Barriga
Este es el relato que quiero hacer para haceros a todos partícipes
de mi primera misión como voluntario de Aviation Sans Frontières,
el primero de espero que muchos más.
La verdad es que todo ha sido tan rápido, que ni siquiera
tuve tiempo de imaginar todo lo que iba a hacer y vivir, aunque
creo que esto ha sido muy positivo, porque al igual que cuando vamos
al cine a ver una película que nos han recomendado con mucha
insistencia vamos con unas expectativas que nos hacen correr el
riesgo que podamos sentirnos defraudados con la realidad, aunque
sinceramente pienso que es imposible sentirse defraudado con la
experiencia que supone acompañar a un niño o niña
que comienza o regresa del Viaje a la Vida.
Los días previos al viaje fueron de mucho estrés,
más que para mí para toda la gente de Aviation Sans
Frontières, en especial David Quintana, Julio Heras, Lilian,
Pilar Selma y Pilar Cabezas que estuvieron tramitando y preparando
el acompañamiento a marchas forzadas porque había
poco tiempo, mientras yo estaba fuera de Madrid por trabajo y sin
poder ayudar en nada, y como no, también para toda la gente
de Tierra de Hombres (Tdh). A todos ellos miles de gracias y siento
los quebraderos de cabeza que os haya podido ocasionar.
El pasado jueves día 23 de Junio, llegué al aeropuerto
de Madrid Barajas a las 6 de la mañana donde había
quedado con Stella, delegada de Tierra de Hombres (Tdh) en España.
Stella ya había sacado las tarjetas de embarque para Fatou,
la niña mauritana de 14 años que había venido
a Madrid en Enero para recuperarse y operarse de las graves quemaduras
que sufrió en su país a raíz de un accidente
con el gas con el que estaba cocinando.
Al poco tiempo y mientras estaba retirando yo la tarjeta de embarque
para el vuelo MAD-CDG, llegó Fatou, con su madre de acogida
aquí en España, Pilar y el hijo de Pilar, y por lo
tanto llegó el momento de conocernos.
El primer contacto con Fatou fue algo fugaz, ya que la niña
estaba bastante asustada, sumado a que era bastante tímida
de carácter, pero enseguida rompimos el hielo y cuando nos
despedimos de Stella y su familia de acogida en el control de seguridad
depositó toda su confianza en mí, su compañero
de viaje, lo que me llenó enseguida de seguridad en mí
mismo al tiempo que hizo que se disiparan en un instante todas las
dudas e incertidumbres que me rondaban al ser mi primer acompañamiento.
La despedida en el control de seguridad fue muy intensa y emotiva,
ya que se estaba despidiendo de las personas con las que había
pasado 6 meses en un país muy diferente al suyo y extraño
para ella, pero al que pronto se acostumbró gracias al cariño,
afecto y amor que le han ofrecido desde el primer momento todas
las personas que le han acompañado en su estancia en España.
En
el avión nos sentamos juntos, Fatou al lado de la ventanilla
ya que le encantaba mirar por la misma, aunque le asustaba bastante
el despegue y el aterrizaje, momentos en los que me cogía
del brazo y me miraba fijamente. Yo le sonreía y le decía
que era todo normal y no pasaba nada y parecía que eso le
tranquilizaba bastante. Esta es una de esas cosas que me hacen pensar
muchas veces que siempre que damos algo recibimos algo a cambio,
y a la vez que ella recibía tranquilidad y seguridad de mí,
yo me sentía muy halagado porque sentía que en esos
momentos yo era muy importante para ella, y conseguía quitarle
el miedo del momento con una sonrisa y unas pocas palabras.
Es en este momento del relato en el que quería agradecer
infinitamente y de todo corazón a todo el personal de Air
France, desde la escala de Madrid, las tripulaciones de vuelo, la
gente de tránsitos de Paris Charles de Gaulle y a la escala
de Nouakchott por su valiosa y gratuita colaboración, ayuda
y enorme profesionalidad que han hecho posible que todo saliera
de la forma más fácil posible, que se han preocupado
en todo momento por la niña y por mí y por nuestro
confort, que han hecho lo posible en todo momento para que fuéramos
sentados juntos en el avión, en las mejores plazas posibles
y que han hecho que en ningún momento nos faltase de nada.
¡Gracias chicos y chicas, vosotros también formáis
parte de este proyecto y también hacéis que todo esto
sea posible!
Como podéis imaginar, el tránsito en el aeropuerto
de Charles de Gaulle fue como la seda, y al poco tiempo ya estábamos
embarcando para Nouakchott. El vuelo a Nouakchott, que duró
5 horas, se pasó volando, y valga la redundancia. Fatou y
yo estuvimos hablando en español (hablaba poco pero muy bien,
siendo su tercer idioma), escuchando música y jugando a los
juegos que había en el sistema de vídeo del avión.
Me estuvo enseñando las fotos de su familia y de toda la
gente con la que estuvo en Madrid: su familia de acogida y todos
los familiares de la misma, las voluntarias de Tdh España,
que pasaron su tiempo con Fatou, las enfermeras del hospital que
la atendieron y la cuidaron durante toda su estancia… De parte
de Fatou y de la mía saludaros a tod@s y deciros que se acuerda
mucho de vosotr@s, os lleva en el corazón para siempre. También
me enseñó las fotos de la nevada de este invierno
en Madrid, era la primera vez que veía la nieve, ¡y
para ella era poco menos que magia! Me contaba que a ella le gustaba
más el frío que el calor, creía que lo entendía
pero cuando llegamos a Nouakchott me di cuenta rápidamente
que era muy lógico lo que ella decía.
La única medicación que se tenía que poner
eran unas gotas en el oído derecho, que aunque me costó
algo convencerla, ya que era un poco tozuda para esas cosas, enseguida
cedió y no hubo ningún otro contratiempo.
En el avión, al igual que en el vuelo anterior de Madrid
a Paris, la tripulación estuvo muy pendiente de nosotros
y venían a hablar con nosotros, entablaban conversación
con Fatou y le preguntaban que tal el viaje, su estancia en Madrid,
si había hecho muchos amigos y si tenía ganas de ver
a su familia. Tanto era lo atentos y amables todos y cada uno de
los miembros de la tripulación que Fatou me preguntaba de
cada uno de ellos si eran amigos míos, ya que le había
explicado que yo también trabajaba en los aviones como ellos,
y ella pensaba que trabajábamos todos juntos.
En especial quería aprovechar para saludar a uno de los auxiliares
del vuelo, Raphaël Vinny. Merci beaucoup de tes attentions
envers nous!
Llegando a Nouakchott, cuando el avión empezó a
descender para aterrizar en destino, fue quizás el momento
más duro del acompañamiento junto con la despedida
en Nouakchott.
Fatou empezó a llorar y a decirme que estaba muy triste,
que tenía muchas ganas de ver a su familia, pero que echaba
mucho de menos a toda la gente de Madrid, y que quería volver,
que no quería volver a Mauritania y tenía miedo porque
no sabía que se iba a encontrar de regreso a su poblado.
Fue un momento difícil pero conseguí tranquilizarla
explicándole las muchas ganas que tenían de verla
su familia y que ahora que estaba bien y curada vería como
todo iba a ir bien, y que la gente de Madrid iba a acordarse mucho
de ella, que nunca la iban a olvidar y que si algún día
van a Mauritania irían a verla.
La llegada a Nouakchott, fue una experiencia inolvidable. El avión
de Air France, un Airbus 340, era más grande que la terminal.
El calor era asfixiante, y rápidamente Fatou y yo nos encontramos
rodeados de gente que querían llevarnos el equipaje, conseguirnos
un taxi, cambiarnos dinero… Fatou estaba muy asustada y me
cogía de la manga del polo de ASF y no se separaba un centímetro
de mí.
Coumba, la delegada del proyecto “El Viaje de la Vida”
de Tierra de Hombres (Tdh) en Mauritania, llegó a recibirnos
rápidamente. Fatou se echó a sus brazos y rápidamente
se sintió más tranquila.
Recogimos el equipaje de Fatou en la cinta, y salimos al exterior
del aeropuerto a dirigirnos al lugar donde se encontraba la familia
de Fatou que había venido a recogerla.
El encuentro con la familia de Fatou fue sin duda el momento más
emocionante del viaje. Estaban sus tíos y tías, primos
y primas que vivían en Nouakchott, ya que sus padres y hermanos
no pudieron venir porque viven en un poblado que se encuentra a
un día de viaje de la capital. Recibieron tod@s a Fatou con
muchísima alegría y emoción. La cogían
y abrazaban con una fuerte mezcla de alegría, incredulidad
por ver como estaba comparado a cuando la despidieron al iniciar
su viaje a España y con una fuerte dosis de emoción
por recuperar a un miembro de la familia del que hace tiempo del
que están separados, cosa tremendamente importante en la
sociedad de Mauritania y que aprendí en mi corta estancia
allí. La familia allí es importantísima, y
todos se apoyan y ayudan entre sí, todos los miembros de
la familia son clave, y tienen un sentimiento muy fuerte de pertenencia
y de solidaridad entre ellos, que lamentablemente hemos perdido
nosotros en nuestra sociedad del individualismo.
Me sorprendió muchísimo el recibimiento que me dio
la familia de Fatou a mí, la verdad es que no me lo esperaba
en absoluto. Me dieron todos, uno a uno las gracias por todo lo
que había hecho yo por Fatou y por extensión por todos
ellos, me daban las gracias totalmente entregados. Más tarde
sabría, a través de Coumba, que la primera vez después
del accidente en que Fatou fue llevada al hospital en Mauritania,
médicos y familiares pensaban que Fatou no iba a sobrevivir.
Después de despedirme de Fatou la vi alejarse junto a su
familia, con un sentimiento agridulce de alegría por la misión
cumplida y tristeza por despedirme de la persona con la que creé
lazos increíblemente fuertes en tan poco tiempo de estar
juntos.
Esa gratitud por parte de la familia de Fatou y por ella misma no
me la merezco yo porque en realidad yo he hecho la parte más
fácil de la enorme tarea que se ha llevado a cabo en el caso
de Fatou, y por su puesto también en todos los demás
casos de niños que están en situaciones similares
a las de Fatou.
Así que asumo el papel de mensajero de este agradecimiento
tan profundo de los familiares de Fatou para transmitirlo a todas
las personas que habéis hecho que todo este pequeño
milagro haya sido posible: a todos los médicos y enfermeras
del hospital por haberla curado y cuidado y por no olvidar el lado
humano de la medicina que es lo único que da sentido a la
lucha contra el dolor y la enfermedad; a la familia de acogida y
personas allegadas por todo el amor, la comprensión, el cariño
y la dedicación desinteresada hacia ese nuevo miembro de
la familia que acogéis; a Tierra de Hombres España
por vuestro trabajo y esfuerzo para hacer posible que el mundo tenga
un poco más de sentido y darle una oportunidad a la gente
que no la tiene sólo por el mero hecho de haber nacido en
otro sitio; a los voluntari@s de Tdh por vuestro tiempo y esfuerzo
para hacer más fácil todo y acompañar a est@s
niñ@s en este Viaje a la Vida que emprenden, sin esperar
nada a cambio; a ASF, por vuestro trabajo y vuestra disponibilidad
y por la brillante idea de hacer que algo que en principio sólo
sirve para el que trabaja en una compañía aérea,
sirva también para los demás, y como no, por darme
esta oportunidad de vivir lo que he vivido, de aprender todo lo
que he aprendido, y de recibir tanto a cambio de dar tan poco; gracias
también a todas las personas que me he dejado en el tintero
por mi ignorancia, pero que también sois eslabones de esta
cadena necesaria y que gracias a ello, aunque seamos sólo
un grano de arena en el desierto, existimos y por lo tanto hacemos
que exista una oportunidad.
Gracias.
Alan Barriga Guillemois
Alan_Barriga@hotmail.com
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