[ EXPERIENCIA INACABABLE DE UN VOLUNTARIO ] por Julio Berzal

Querid@s amig@s, lectores que con alguna inquietud os acercáis a estas páginas;  ya para mí es un honor que dediquéis parte de vuestro preciado tiempo a leer esta experiencia, que no deja de ser solo eso, una experiencia personal, como vosotros tenéis las vuestras, sin duda muchas de ellas más interesantes, pero  no voy a desaprovechar esta oportunidad que se me brinda. Allá voy:

Soy Julio Berzal, 53 años, Ingeniero Técnico Aeronáutico y despachante de vuelo de Varig, con una antigüedad en la empresa de 27 años. Creyente, convencido de motu propio, no puedo concebir este universo y las leyes que lo rigen sin un Hacedor-Legislador (¡cuidado!, no soy partidario del Creacionismo, sino del Evolucionismo)  y cristiano, cristiano “independiente”, solo eso, cristiano sin nada más después, (en cuanto empezamos a ponerle “apellidos” a las cosas, la hemos fastidiao, como pasó con la esencia del Cristianismo), también convencido de motu propio, creo vehementemente en el sencillo, pero profundo mensaje que nos dejó aquel revolucionario que fue Jesús de Nazaret, no obstante de una vigencia, validez y fuerza absolutas. Convencido y genéticamente de izquierdas, también sin color y siempre entendiendo las izquierdas como creo que se deben entender: que sus políticas miren hacia las necesidades de los pueblos, aunque eso cueste sangre y votos. Y con los años creo que me voy haciendo de  izquierdas “globalizado”,  quiero decir que voy buscando la “revolución”, siempre pacífica, más fuera que dentro. Creo que definiría al voluntario o cooperante que se compromete de verdad como  un ”revolucionario globalizado”.

 Bueno, ya me he desnudado ante vosotros, es curioso no siento el menor rubor... es que con los años uno va perdiendo la vergüenza. Vamos al grano.

 En todo este  tiempo profesional, me ha dado tiempo hasta “abusar” de la generosidad de mi  empresa y  he obtenido de mis  “jefazos” autorizaciones para trasladar importantes cantidades de material. Desde hace 9 años, todo este potencial y por avatares del destino, estuvo enfocado en La Paz (Bolivia);  por avatares del destino también y desde que estoy en ASF, estamos más centrados en Santa Cruz de la Sierra, también Bolivia.  Pertenezco a ASF, desde principios de año, donde me siento como pez en el agua y a la que estoy tremendamente agradecido pues me ha dado la oportunidad de,  además de hacer grandes amigos y amigas, poder encauzar muchas ilusiones y dar rienda suelta a este gusanillo que yo creo que de forma sencilla y en el fondo solo es  intentar manifestar amor a los demás,  y en especial a los más injustamente desfavorecidos y excluidos. Así, desde que comencé en ASF  establecimos lo que hemos denominado Puente Bolivia, por la asiduidad de los envíos de ayuda humanitaria destinados a proyectos muy interesantes de otras Ong´s de probada solvencia y honestidad que solicitan los servicios de ASF.

El pasado marzo tuve la primera oportunidad de hacer mi primera misión de voluntariado con ASF. No voy a magnificar aquí la experiencia con calificativos grandisonantes, en realidad fue sencilla ; el material sencillo, el viaje sencillo, las personas que conocí sencillas, los  objetivos sencillos,  yo creo que ahí estuvo la clave,  porque he de confesároslo,  soy un tremendo apasionado de lo sencillo . Esta misión me marcó con su sencillez de tal manera que me dejó huella de por vida y no exagero ni un pelo, después de mi relato lo entenderéis. Me refiero a la sencillez en el sentido de modesto, humilde no de su complejidad.

La misión: llevar 23 cajas (unos 480 kg) consistente en leche maternizada y material sanitario para la Ong “Hombres Nuevos” de Santa Cruz. De vuelta debía traerme a un niño, Antonio, de 10 años para operarlo en España de las dos “manos”, en realidad dos tremendas deformidades, como consecuencia de las graves quemaduras que se produjo cuando tenía 2 añitos.

Días antes de mi salida, marcada para el 6 de marzo,  estuvimos preparando y embalando todo el material con mucho cariño, pues había cosas delicadas y de mucho valor como material de laparoscopia, material que usan los cirujanos para operar “desde fuera”, sin “abrir” (al final termina uno medio técnico).   

Día D: 6 de marzo,   hora H:  sobre las 10 de la mañana:  a cargar varios coches  para llevar tanta caja al aeropuerto, descargamos y junto al check-in de Varig las etiquetamos y las mandamos por la cinta; ¡libre de cajas hasta la llegada, pues están facturadas hasta Santa Cruz!  Me despido de los colegas y de mi “doña”  que aunque acepta de buen grado que me “pire”, siempre que no sea “a comprar tabaco”,  no deja de quedarse un poco pesarosa. El embarque sin problemas, con un poco de retraso y a volar poco más de 10 horas hasta Sao Paulo.  Llego después de medianoche, el vuelo de conexión, el Varig 8880 para Santa Cruz sale a las 09.20 de la mañana, así que lo que procede es ir a descansar al hotel. Saliendo de la terminal está la “guagua” del hotel Tryp Meliá, demora 20 min. en llegar. Papeleo de entrada, duchita  y a la  piltra rapidito que no hay mucho tiempo para dormir. El despertador suena a las puñeteras 05.00, aunque después de otra ducha, fría esta vez para despabilarse, y un olímpico desayuno tropical parece que fueron menos puñeteras que cuando sonó la chicharra.

Salida del hotel a las 06.00, “guagua” al aeropuerto, y de cabeza al mostrador de “Varig  Staff”, a ver que nos cuentan... malas noticias, vuelo a tope, hay que activar el plan B, o sea ir a ver al “prezado comandante”  que afortunadamente resulta ser un tío majo  y autoriza ir en asiento de tripulante o en cabina en caso de problemas. Embarco, por fin, sin  mayores sobresaltos, y cuando siento (de sentir, no de sentar) el culete en el asiento del avión, es cuando empiezo a experimentar la satisfacción de que la misión va a concluir felizmente.

El vuelo perfecto, escala en Curitiba (Brasil), según algunos expertos la ciudad mejor urbanizada del mundo y aterrizaje en Viru-Viru que así se llama el aeropuerto de Santa Cruz de la Sierra, en homenaje
a un bonito pájaro tropical de la zona y que canta así, viru-viru, viru-viru (lo escucháis ¿no?). Salgo el último del avión, pues así me gusta hacerlo para salir más tranquilo. Me enrollo un poco con mis colegas de Varig y cuando aparezco en Inmigración, en el control de pasaportes no queda nadie, en la cinta de equipaje tampoco, solo están los que más me importan ¡ los amigos de Hombres Nuevos ¡,  que ya han sacado todas las cajas y me están esperando... (jod... pues sí que me he enrollao). Abrazos, de los de verdad, con ganas, después la aduana, otro momento de pequeña angustia pues nunca sabes con las aduanas lo que va a pasar,  el aduanero nos libera la mercancía sin problemas después de enseñarle toda la documentación.¡AHORA!...ahora es cuando de verdad sientes algo indescriptible, esa tremenda satisfacción de que la misión a terminado satisfactoriamente. Pero no acaban aquí las alegrías, a la salida de la terminal me están esperando Lidia (la mamá de acogida) y ¡Antoñito! No me lo esperaba, y la emoción es inmensa, tengo que hacer un esfuerzo para contener alguna lágrima que se empeña en aparecer, mientras beso y abrazo a esta criatura. Había visto sus “manitas” en las fotos de los informes y certificados,  por primera vez las veo en directo, lejos de impresionarme solo pienso que esas deformidades van a durar poco y que en su lugar van a quedar unas manos mucho más funcionales, que le van a permitir una vida prácticamente normal.

Nos despedimos de Lidia y Antoñito hasta la noche, para cenar juntos y nos vamos en los coches, ya cargados, para el Polideportivo donde descargamos parte de la carga, luego nos vamos a “Casa Palacio”, el “cuartel general” de Hombres Nuevos, centro donde convive, come, se aloja y relaja  la comunidad. La acogida, sin comentarios, como a un hermano al que conocieran de toda la vida, con un cariño sincero y sencillo, como todos ellos. Vania me enseña  mi cuarto,  sencillo pero dignísimo, me encanta. Al poco se presenta Nicolás, nada más y nada menos que Nicolás Castellanos, el hombre fundador que ha hecho posible este oasis en el desierto que es Proyecto Hombres Nuevos. Como no podía ser de otra manera, un hombre sencillo con una vitalidad impresionante para su edad, ya avanzada. Tras una agradable charlita mientras merendamos, viene a recogernos un hombre con una chatarrilla con 4 ruedas, muy digna y que anda perfectamente, eso sí con un acompañamiento de soniquetes de todas las clases y frecuencias. Nicolás me invita a subir atrás con él y ¡me dedica casi toda la tarde! a visitar “su oasis”. No me lo esperaba y realmente la atención exquisita de Nicolás me abruma. El Proyecto, sencillamente impresionante: polideportivos, centros de nutrición infantil, colegios, hospital, el Plan 3000 de viviendas sociales e infraestructuras viales, universidad con residencia de estudiantes….. en fin, una maravilla, que según escucho y admiro a este hombre no puedo dejar de pensar el tremendo esfuerzo, recursos humanos y materiales, dedicación y entrega que ha supuesto y sigue suponiendo todo esto para él y todo su equipo.
Realmente, veo en primera persona, cómo el amor puede mover montañas. 

Después de la Visita, con mayúsculas, volvemos a Casa Palacio, duchita y rato de relax mientras el sol se va acostando. Viene a buscarme Juanjo, médico, director del hospital, coordinador para todo, cariñoso, servicial, un hombre en definitiva encantador y... sencillo con el que entablé rápidamente una incipiente pero sólida amistad. Quedamos con Lidia que viene con Antoñito para que se vaya familiarizando con su acompañante, éste que suscribe, y  vamos a  cenar a un restaurante de comida típica boliviana, sencillo, pero muy acogedor. La cena muy buena, pero lo mejor la compañía y la tertulia. Si Juanjo es un peso pesado como calidad de persona, voy descubriendo que Lidia es otro peso,  pero bien pesado: casada, con familia, embarazada en avanzado estado y metida en un montón de “fregaos”, familia de acogida de Antoñito, ya que él procede de un pueblo lejos, cerca de la frontera de Brasil, ella arregló todos los papeles para el traslado del niño a España, un auténtico calvario, responsable de UNICEF en la zona, trabajando sin descanso, entre otros, en un proyecto maravilloso y sangrante: la esclavitud infantil en la Zafra, la campaña de la cosecha de la caña de azúcar, donde los niños están todo el día obligados a cortar caña, por apenas unos céntimos de euro al día. Vas conociendo a las personas, estoy seguro que si Lidia y personas como ella se lo proponen, la esclavitud infantil en la Zafra tiene los días contados, no me cabe la menor duda; además su forma de hablar sosegada y firme, su mirada... en fin, una mujer encantadora y…sencilla, muy sencilla, personas que por muchos años que vivas, siempre las recordarás.

 Antoñito, que está mi lado en la mesa,  después de ponerse “morao”, comenzamos a juguetear un poco para ir intimando, me sorprende la habilidad que ha adquirido con sus muñoncetes;  me coge la cámara digital que es bastante pequeña, y es capaz de sujetarla con las dos “manos” y apretar el disparador... me deja loco.

Antes de despedirnos, aún me espera otra sorpresa, Antoñito me regala un cuadro de Bolivia muy bonito, emocionado, le doy un besazo; me despido de Lidia pues al día siguiente no puede venir al aeropuerto. Después a Casa Palacio a dormir.

Por la mañana, desayuno en convivencia con Nicolás, Alfonso Juanjo, Vania, y muchos más, cooperantes... etc. Después Juanjo me lleva a conocer el hospital, una maravilla, una auténtica fábrica de salvar vidas humanas: se queda con su trabajo y me deja en manos de una encantadora señorita, que esta cabeza de chorlito ha olvidado su nombre, ella es la responsable de educación del Proyecto y me lleva a conocer un colegio, el centro de nutrición infantil Palencia, el mercado de la zona.. etc. Mientras,  se hace la hora de irse preparando para ir al aeropuerto. Viene Juanjo a buscarme, me despiden todos con un cariño enorme, nunca los olvidaré.

En el aeropuerto nos esperan los padres de Lidia con Antoñito, facturo y ha llegado la hora de una despedida inolvidable: los padres de Lidia y Juanjo abrazan al niño conteniendo las lágrimas, Antoñito responde a la despedida también emocionado, todo con mucha sencillez, sin nada de alboroto ni dramatismo, sin que se note mucho la tristeza; pero me maravilla la madurez de las reacciones de Antonio, aceptando en todo momento la situación, y comprendiendo con exactitud a donde va, a lo que va y asumiendo a la perfección el sacrificio que tiene que hacer para conseguir sus manitas nuevas … empiezo a darme cuenta de la “madera” de Antoñito, madera de la buena,  muy buena,  buenísima. Le tiendo la mano mientras entramos a la zona de embarque; ya me he dado cuenta de alguna de  sus reacciones con respecto a las manos, la izquierda tiende a esconderla hacia la espalda como con vergüenza, muchas veces está con las dos como caídas hacia abajo, pegadas al cuerpo... adivino que esta criatura ha tenido, además, que sufrir discriminación por causa de su deficiencia, por ser “diferente” a los demás.  Le agarro su muñoncete con suavidad pero con firmeza, para que no note rechazo, como sin duda lo ha debido de padecer antes,  él me lo tiende sin reparo (es muy inteligente y se va dando cuenta que al lado tiene un compañero de viaje, con el que se ha quedado solo, pero en el que puede confiar) . Para ir rompiendo un poquito el hielo y la tristeza nos vamos al “Free” a ver cositas;  es muy receptivo, enseguida empieza a emocionarse por algunas cosas que ve y que le llaman la atención, pregunta por el precio (comprende perfectamente el valor de las cosas en dólares), y no puede evitar un  ¡puta, que es caro! No puedo evitar la risa por la expresión, el también se ríe y mi satisfacción por aquella sonrisa, síntoma de que la sinergia con el niño empieza a funcionar, es algo que solo se siente, no se puede contar. A la que se despista un poco, cojo una maquetita de un avión de Varig y después de pasar por caja, sin haberse dado cuenta de lo que era,  se la regalo y aquella carita se ilumina mientras exclama  ¡ puta, que es bonita.. gracias! Otra vez a reír, (se ve que la expresión debe ser bastante cotidiana por su pueblo).  Bueno, yo estoy ahora mucho mas tranquilo porque en pocos minutos me lo he “metido  en el bolsillo”...bueno, no sé realmente quién se ha “metido en el bolsillo” a quién, verdaderamente esta criatura me ha conquistado definitivamente.

Por fin embarcamos, saludamos a los pilotos que nos enseñan la cabina y de nuevo la expresión de Antoñito ¡puta, que hay botones!  le dejo en la ventanilla y mientras rodamos despacio hacia la pista, me pregunta ¿ya estamos volando?. Cuando despegamos de verdad, le digo ¡ahora estamos volando!, retira la vista de la ventanilla, me mira y de nuevo ¡ puta, no puedo mirar que tengo un poco de miedo! Pero no debe ser mucho el miedo porque no puede resistir la emoción y  enseguida vuelve a pegar la cabeza en la ventanilla, así varias veces, se retira y vuelve… para cuando dejamos las nubes debajo de nosotros ya no retira la mirada… un buen ejemplo de su capacidad de adaptación. Nos dan la comida y después se duerme profundamente. Escala en Curitiba, como a la ida, y llegamos a Sao Paulo, tránsito para enganchar con el Varig 8714 de Madrid… de nuevo las dificultades pues el vuelo está a reventar, lista de espera, vuelo ya embarcado, vencida la hora,  llaman a varios de la lista y empiezo a perder la esperanza, de repente ¡nos nombran!, ¡Antoñito vamos pa dentro!, corriendo porque detrás de nosotros se cierran las puertas, a esto se le llama algo “in extremis”, el de atrás de nosotros se quedó, y estoy seguro que estaba listado antes que nosotros. La tripulación ya sabía de nosotros, si no es por el niño me quedo en tierra como “Dios pintó a Perico”…el “ángel de Antoñito” funcionó.

Nosotros despegamos, pero el que no se despega, de la ventanilla, es Antoñito,  esta vez de noche, le llama poderosamente la atención. Nos dan la cena, él casi no come nada porque le pueden más el cansancio y el sueño, se acopla y se queda “frito” al instante; después de la cena apagan las luces y a dormir un rato. Me despierto a ratos, le miro pero sigue durmiendo, le muevo para ponerle más cómodo, tumbado sobre su asiento,  con la cabeza en mi regazo, abre un ojo y le parece bien la maniobra, vuelve la calma y  de nuevo profundamente  dormido. La calma de la noche, esta postura de los dos, su carita hacia arriba, mi mano derecha rodeándole la cabeza, la izquierda asiéndole su “muñoncito” izquierdo es cuando ocurre el milagro: pienso que si Antoñito hubiera sido mi hijo, nacido en España, con una asistencia sanitaria buena, como la nuestra, él no tendría las manos así, le hubiesen operado cuando se quemó y tendría unas manos prácticamente normales; y pienso en los niños de la Zafra y en tantos otros niños que no van a tener la oportunidad de Antonio y van a quedar con su desgracia para siempre, en muchos casos un siempre corto y pienso que gracias a personas comprometidas muchos desgraciados tienen una oportunidad, una esperanza …y pienso y pienso tantas cosas que …… espontáneamente me sale de dentro casi sin esperarlo:  “juro solemnemente que mientras tenga fuerzas y las condiciones de mi vida me lo permitan voy a estar en esto, comprometido hasta la médula, sin escatimar esfuerzos. Si por acaso rompieras este juramento, serás un indigno “cagao” que estarás condenado a ver pasar tu tiempo sin más, sin pena ni gloria, hasta el día que te mueras” . Y pensé…. No quieres eso ¿verdad?, no quieres ver pasar tu tiempo delante de tus narices sin provecho, no quieres que por pereza de mover tu culo de tu cómoda poltrona, niños como Antoñito se queden sin una oportunidad… no quieres llegar al final de tus días con todas esas malas sensaciones encima ¿verdad?.  Me dije ¡NO!.  Seguro de mí mismo, mirando aquella carilla, me relajé y me venció el sueño. ¿Comprendéis ahora porqué dije que esta misión dejó huella imborrable en  mi vida?.

Antoñito, entre otras cosas es un ceporrete de mucho cuidado; se hace de día, le despierto para desayunar y me dice que quiere seguir durmiendo… y así lo hace… ¡vaya tío!. Solo cuando estamos en el descenso a 20 minutos de la llegada, le doy un toque y se empieza a despabilar para asomarse a ver el panorama. Aterrizamos, a la terminal, Inmigración sin problemas y fuera que nos están esperando mi “doña” y Bity. Después de un montón de besos nos vamos a la T4. Ha llegado la hora,  me despido, abrazo a este ángel que al igual que a mí se le asoma alguna lagrimilla(¡es increíble! en tan solo unas horas ha sido capaz de establecer conmigo una buena relación de afecto, …este niño tiene algo especial).  Bity tiene que volar a Málaga con el niño, donde le espera su familia de acogida, Dulce (la pediatra que descubrió al niño en Bolivia junto con Lidia), su marido Antonio, anestesista del mismo hospital donde van a operar a Antoñito y su hijo ¡Antonio también! (van a tener que numerarse),  familia encantadora donde las halla.

¡Misión cumplida! ……… ¿Misión cumplida? …………. Unos meses después me cogí unos días libres y me largué a Málaga a verle y a conocer a la familia de Dulce. Hacía poco que  le habían operado de la mano derecha, estaba feliz, habiendo soportado estoicamente el dolor de la mano y de las múltiples heridas de las zonas que le habían quitado piel para los injertos de la mano. Poco después Dulce nos manda unas fotos de la mano descubierta y parece un milagro,  donde antes había un muñón deforme, ahora hay 4 dedos, uno de ellos oponente con los otros, con los que el niño va a poder “pinzar”. ¡qué maravilla! Aún le queda un buen camino de rehabilitación, la otra mano… etc, pero al final todo habrá merecido la pena.

Tengo que volver con el niño a Bolivia cuando tenga sus manos curadas y por la cabeza me rondan mil cosas más. Me gustaría ir a Bolivia de vez en cuando,  verle crecer, becarle los estudios, pues esa  inteligencia y  calidad como persona merecen ser cultivadas. .. en fin….

Empiezo a pensar ……… esta sencilla misión ¿se va a acabar alguna vez?.

Espero que no.

Mi agradecimiento más profundo a los protagonistas de este relato, por haber regalado a este actor secundario la oportunidad de interpretar este modesto papel.

Gracias por “escucharme”.

Un gran  y sencillo abrazo amig@s

Julio  

N.B. He abusado, a propósito de la palabra sencillo, sencillez… etc. Pienso que si este mundo lo hiciéramos más SENCILLO, otro gallo nos cantaría.

 

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