[ Un viaje inolvidable, Alas de la Esperanza] por Berta Pereira

Acabo de regresar de mi primer acompañamiento y todavía tengo la mitad de mi corazón en Madagascar con Joséphine. Comencé el viaje de Madrid a Bilbao para recoger alli a la menor de 7 años, Joséphine, que había sido operada de secuelas del Noma, me fuí en un vuelo anterior para estar con tiempo suficiente. Al llegar a Bilbao, me presenté en la oficina de Air France y el personal fue muy amable conmigo, me pusieron en lista de espera de “frees” para el día siguiente de París a Antanarivo y me dejaron facturar el equipaje de la niña hasta el destino final.

La familia de acogida y la representante de Tierra de Hombres me entregaron a la niña que estaba muy contenta aunque recelosa de irse conmigo, una desconocida para ella. En el vuelo de Bilbao a París empezó a hacerse mi amiga, pero al llegar a París dijo que quería volver con su familia de acogida y que no quería volver a Madagascar. La entretuve mientras intentaba comprobar en el mostrador de Air France la disponibilidad del vuelo del día siguiente. Fue una sorpresa ver que ya estaba listada desde Bilbao. Además ya había guardado un asiento contiguo a Joséphine, para que Fanilo, el otro niño que tenía que acompañar, pudiera sentarse con ella. Fanilo provenía de Ginebra, había sido operado de una cardiopatía y aprovechando mi vuelo a Madagascar con Joséphine pude llevarle a él también.

Nos fuimos al hotel y tuvimos una velada inolvidable, ella no paraba de hablar y reír. Al día siguiente, fue un poco duro ya que no solo tenía que recoger al Fanilo, proveniente de Ginebra, sino que además debía dirigirme al mostrador de “free” y asegurarme una plaza a bordo. Todo esto en menos de 45 minutos. Mientras tanto tuve que telefonear a Tierra de Hombres porque Joséphine insistía en hablar por última vez con su familia de acogida. Tras hablar con la representante de Tierra de Hombres, la niña comenzó a llorar diciendo que echaba muchísimo de menos a su familia de acogida.

Al final encontré a Fanilo con su acompañante suiza. Le dejé los niños a su cargo para dirigirme a toda prisa al mostrador de “frees”. No había plazas libres en el avión. Tras comunicarse con el comandante, los agentes de facturación me concedieron un jump-seat (transportín). Recogí a los dos niños y tras pasar todos los controles y embarcar volvimos a tener suerte ya que sobraba una plaza y pude sentarme con los dos niños. Durante las 10 horas de vuelo, la niña estuvo jugando todo el tiempo aunque repitió varias veces “los hecho de menos”, refiriéndose a su familia de acogida en Bilbao.

Al llegar a Antanarivo, nos estaba esperando una representante de Tierra de Hombres y los niños parecían estar ya más contentos. Dormimos en casa de la mujer y al día siguiente nos reencontramos con la madre de Joséphine. Ella la reconoció, la saludó pero regresó hacia mí para decirme que no la entendía casi nada. Joséphine había estado 7 meses fuera de casa. Nos dirigimos al pueblo de Joséphine y su madre, a 400 kilómetros de la capital. La niña empezó a jugar con su nuevo hermano de 6 meses, al que no conocía hasta ahora. Mi regreso a Antanarivo fue muy duro, no pude contener la lágrimas y tuve que alejarme con el corazón partido. Por la tarde, llevamos a Fanilo a su pueblo, a 40 kilómetros de la capital. Lo entregamos a su madre, la cual no paraba de darme las gracias, y es que entre Tierra de Hombres y Aviación Sin Fronteras habíamos conseguido que al niño se le operara del corazón.


Ha sido muy duro el trayecto pero muy gratificante y jamás olvidaré a Joséphine y Fanilo que me hicieron pasar tres días maravillosos.

 

Berta Pereira - ASF en Madrid

Voluntaria de "Las Alas de la Esperanza", 17 de julio de 2007.

 

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