[ Qué fácil es ayudar, Alas de la Esperanza] por Carlos Ferrer

Todo empezó un caluroso 2 de agosto en el aeropuerto de Casablanca, en Marruecos. Yo había llegado en un vuelo de Iberia desde Barcelona vía Madrid, y estaba merodeando por el aeropuerto para ver si me encontraba con Medhi y su familia. Fue fácil, los voluntarios de la ONG marroquí me encontraron a mí. Claro, era lo normal dado que levaba puesto un polo de ASF con unas letras gordotas y en rojo que me identificaban como voluntario.

Sorprendentemente para mí, Medhi me cogió la mano muy rápidamente. Sabía que iba a viajar en avión, y se hizo amigo mío a toda velocidad. Yo era su protector. Medhi tenía 7 años con la estatura de un niño de 5. La cardiopatía que sufria le impedía desarrollarse normalmente, y necesitaba operarse del corazón para poder tener un futuro.

Medhi sólo hablaba árabe, con lo que tuvimos una comunicación complicada, aunque el lenguaje de los gestos y las entonaciones no tiene fronteras. Poco a poco se iba dando cuenta de que se iba a un viaje muy largo y empezaba a pensar en su familia. La espera en el aeropuerto de Madrid fue larga. Allí teníamos que hacer escala para enlazar con el vuelo a La Coruña, y Medhi echaba de menos a su gente. Para él, la T4 del aeropuerto de Madrid debía ser como una pesadilla futurista y quería despertarse ya, en su casa, en el campo, en Marruecos.

Se subió al avión que nos iba a llevar a La Coruña, ilusionado. Yo creo que pensaba que nos volvíamos a su casa. Demasiadas emociones para un niño de 7 años. Estaba cansado, yo lo abrazaba mucho, para darle cariño, afecto. La tripulación del vuelo de Iberia también ayudaba intentando animarle y distraerle.

Por fin aterrizamos en La Coruña. Medhi no se separaba de mí (en una ocasión lo llevé al baño y como mientras orinaba no me veía, se interrumpió, miró fuera para ver si estaba yo, y luego continuó). Ya nos estaban esperando Raúl Besada, representante de la ONG Tierra de Hombres y la familia de acogida. La familia de acogida la formaba un matrimonio joven y sus hijos, 2 varones de unos 10 años. Rápidamente congeniaron con Medhi. Sacaron una baraja de cartas infantiles y se pusieron a jugar. A Medhi se le pasaron todos los males de golpe. Yo me sentí muy bien, viendo que Medhi estaría bien atendido y querido.

Es curioso el grado de afectividad que coges con el niño en tan poco tiempo. Quizás por la confianza ciega que ellos tienen en tí, o por el tiempo que has tenido que dedicarle en exclusividad, o por los buenos ratos que hemos pasado juntos. Pero para mí, este acompañamiento no ha sido el de un niño, ha sido el de Medhi el Kteibi, con nombres y apellidos, y cargado de sentimiento.

Buena suerte Medhi.

 

Carlos Ferrer - ASF en Barcelona

Voluntario de "Las Alas de la Esperanza", 2 de agosto de 2007.

 

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