[ Mi receta de la felicidad] de Héctor Fernández Garcés
Debido al tiempo que nos ha tocado vivir, al estilo de vida que llevamos (muchas veces “impuesto” por el trabajo, la sociedad, familiares, amigos,…), entramos en una dinámica, rutina diaria, o como cada cual quiera llamarlo, que nos impide muchas veces percibir todas las cosas buenas (y son muchas) que tiene la vida.
Ayer realice mi cuarto acompañamiento como voluntario de ASF, el cual consistía en llevar a una niña de 7 años de regreso con su familia tras haberle realizado con éxito una operación de corazón.
Lo que a priori era una misión sencilla logísticamente hablando, de ida y vuelta en el mismo avión (Valencia – Casablanca- Valencia), se trasformó en un galimatías al más puro estilo de Woody Allen. No se si la coincidencia con las fechas de finales de agosto o por que el aeropuerto de Casablanca es un caos (como posteriormente me confirmarían varias personas), me fue imposible regresar en el mismo vuelo, a pesar de los esfuerzos que realizó el comandante a través de un inoperante coordinador de tierra, por solucionar las trabas burocráticas que impedían mi embarque.
Gracias a las gestiones realizadas por el excepcional equipo que forman los responsables de Asf, evitaron que tuviese que pernoctar en Casablanca y consiguieron a través de uno de los pilotos del vuelo a Madrid que me permitiesen embarcar (en cabina) en un avión con más de 30 personas de overbooking, a pesar de nuevo a la inoperancia del coordinador, que parecía empeñado en que me quedase en la ciudad de Casablanca.
Después de todo esto, el paso por la T4 de Barajas resultó anecdótico, a pesar de perder el enlace a Valencia, y del posterior retraso de una hora con que salió el siguiente vuelo.
A pesar de todos las dificultades que pase, si me volviesen a pedir que lo repitiese sabiendo que los problemas van a ser los mismos, no dudaría ni un instante en realizarlo, incluso aunque me quedase como en la película “atrapado en el tiempo” (el día de la marmota), y lo tuviese que repetir todos los días, por que sólo con una de las sonrisas que me regaló la pequeña Firdaws, al igual que las que recibí por parte de Mardiya, Kossi y Ghassem, vale la pena realizar cualquier tipo de esfuerzo o sacrificio.
Por tanto para encontrar la felicidad basta con mirar a estos niños, que a pesar de todas las dificultades que les ha puesto la vida en su camino en tan corto espacio de tiempo, no han perdido su sonrisa, incluso para un “desconocido”, que apenas pasa por su vida lo que dura un acompañamiento.
Después de todo esta historia sólo os puedo recetar que para alcanzar la felicidad basta con hacer un acompañamiento.
PS. La excesiva realización de acompañamientos no esta contraindicado.
< volver al índice |